miércoles, 13 de febrero de 2008

Jumper

Para los que os pensabais que los efectos de la huelga de guionistas solo afectaría a las series de televisión... estáis del todo equivocados! ¿Qué me decís de los refritos de libros que los guionistas se sacan de la manga? Vale, de acuerdo, lo admito, lo llaman adaptaciones, pero todos sabemos cuánto daño pueden hacer a la cinematografía, por no decir al espectador de a pie. Así que cuando ves Jumpers solo tienes una idea en mente: ¿Existe algún guión trabajado detrás de esta propuesta ¿O es solo una patillada más para mostrar cuanto corren los coches y que bien hacemos los efectos especiales? ¿Quién le enseñó interpretación a Hayden Christensen? Exacto, lo último era una pregunta trampa.


Jumpers, o los saltadores es el último film de Doug Liman, director de otras joyas como Sr. y Sra. Smiths y de la segunda película de la triología de Bourne, entre otras tantas no demasiado destacables. Se trata de una película bastante prescindible, predecible y cansina. La historia como punto de partida no es mala, si estuviera trabajada con algún tipo de rigor o coherencia.Y aunque las películas de acción no sean mi fuerte se distinguir un pastiche infumable en dos horas de visionado que para eso me he tragado miles de pelís de sábado tarde con mi familía.

Sinceramente si hay algo memorable es ver a Jaime Bell ya crecidito y sin mayot. Porque lo que es el resto del reparto da grimilla: Samuel "elteñidodeblanco" Jackson, Rachel Bilson y Hayden Christensen no dan la talla, ni de lejos. Así que cuesta creerse tanto tópico suelto, tanta carrera de coches gratuita y tanto salto en el tiempo sin base científíca. Tal vez el problema es que después de ver la legión de cómics de superhéroes en general, necesitamos una explicación lógica para justificar los super poderes. Puntualizo, lo podemos dejar en una simple justificación, que tampoco se da en Jumpers la verdad...

En la parte técnica destacan algunas superposiciones interesantes como pegar con photoshop al protagonista en paisajes naturales envidiables. Lástima que se vea tan falso y artificial. También el uso de los encuadres puede llegar a ser, hasta cierto, punto innovador, sino mareara constantmente al espectador. Abusar es mal.

Así que, yo me lo pensaría dos veces antes de gastar 7 euros en una entrada y sus 5 euros correspondientes en palomitas (o sucedáneos), para ver esto. Ante propuestas como esta una se pregunta que queda de artístico en eso que algunos quisieron denominar el séptimo arte.

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