domingo, 23 de marzo de 2008

Caperucita Roja

Caperucita despertó y se giró hacia el lobo, que aun dormía, frotándose contra su pecho fuerte y peludo. Con manos tiernas y suaves le acarició. El lobo abrió los ojos y apresó su cuerpo pequeño con las garras, mientras acercaba las cálidas fauces hacia ella. Lamió su rostro, y devolvió sus caricias, pero ambos sabían que no podían demorarse dejándose llevar.
- ¿Crees que aun nos siguen? - le preguntó ella.- No lo dudes. Nos seguirán hasta matarme, y tu madre y tu abuela harán de ti una mujer de provecho.
Ella miró sus ojos amarillos y le besó.

Jordi Cebrián en Cienpalabras


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