lunes, 3 de marzo de 2008

La Soledad

"Adela, una joven separada y con un hijo de un año de edad, está cansada de la vida que lleva en su pequeño pueblo natal al norte de León. Deja atrás las montañas y los paseos por los prados para trasladarse a Madrid donde todo es ruido, tráfico y un continuo vaivén de un lado a otro. Para salir adelante se busca un trabajo de azafata y se muda a un apartamento junto a Carlos e Inés, dos jóvenes muy agradables. Los tres se llevan muy bien en seguida, compartiendo comidas, dudas y ratos de ocio.

Antonia, la madre de Inés, tiene un pequeño supermercado de barrio. Lleva una vida bastante tranquila junto a su novio, Manolo, y sus tres hijas: Inés, Nieves y Helena, la mayor. Sin embargo, poco a poco, su placentera vida empieza a tambalearse. Primero, los médicos detectan un cáncer incipiente en su hija Nieves. Más tarde, la ya tensa relación entre sus hijas se complica aún más cuando Helena le pide prestado dinero a su madre para comprarse un piso en la playa."


Estas dos mujeres, Adela y Antonia, sirven de punto y partida para contar unas historias sobre lo cotidiano de la realidad que podemos encontrar en La Soledad: dos mujeres fuertes que no se conocen y que tiene mucho más en común de lo que parece. Supongo que la fuerza para continuar les hace ser unas luchadoras de las buenas, de las que aunque pierdan, consiguen ganar al final de la partida.

Jaime Rosales amenazaba con mover algo el panorama de cine español con su primer largometraje Las horas del día, aunque ha sido con La Soledad, la película que ha conseguido hacer mella en la crítica especializada . De hecho, ha sido la película revelación de la últimos Goya: mejor dirección, mejor película y mejor actor revelación (José Luis Torrijo). Aunque sorprendentemente es una de las producciones con menos recaudación en toda la historia de las películas premiadas. Siempre se ha dicho que público y crítica no suelen llevarse demasiado bien, así que estamos delante una película que no deja indiferente.

Y alerta porque no estamos hablando de una película de fácil lectura o visionado. Encontramos tiempos lentos y pausados, pantallas partidas, ausencia total de banda sonora, lo que conlleva al uso expresivo de los silencios incómodos, dominio del fuera de campo, etc. Así una larga lista de recursos visuales que juegan y retan al espectador para sacudirlo emotivamente. Separada por capítulos La soledad se desliza por la piel y consigue llegar justo dentro del corazón para aprisionarlo y maltratarlo hasta decir basta, hasta quedarnos solos delante de la pantalla, sin nada más.

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