miércoles, 19 de marzo de 2008

Los perros dormidos mienten

Un momento de curiosidad animal puede desbaratar todos tus planes de futuro. Este podría ser el eslogan perfecto para Los perros dormidos mienten, un título mediocre para un film algo más que sobresaliente, si cabe.


Los perros dormidos mienten es una de estas películas frescas y divertidas que en el minuto 1 ya te tienen dentro, atrapado en medio de un montón de frases ingeniosas y giros que no te esperas. Se trata del primer film de Bob Goldthwait, director televisivo en mayor medida, y con esta apuesta participó en el 2006 en diversos festivales como Sundance (bendito seas Robert Redford), Toronto, San Sebastián y Londres. Lo que pasa es que, como siempre, aquí, por mucho festival, mucha crítica y demás, las películas nos llegan cuando nos llegan: tarde. Pero como dice el dicho, lo bueno se hace esperar.

El reparto no es nada del otro mundo, actores secundarios en mayor medida, aunque destaca Brian Posehn como amigo colgado de un hermano altamente infamable (broma tonta). Y la equipación técnica tampoco es para tirar cohetes: planos desenfocados y algunos secuencias totalmente quemadas. Aunque realmente, ¿Qué más da cuando la historia se lo merece, y encima tiene moraleja final?

Las verdades no son siempre necesarias para tener una relación duradera. Y esta es una de esas máximas universales que sabemos antes, durante y después de acabar este film. Porque aunque los perros mientan dormidos, los humanos también y, encima, despiertos.

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