sábado, 1 de marzo de 2008

There will be blood


Si de una cosa estoy segura es que Paul Thomas Anderson es uno de los nuevos directores más eclécticos del panorama cinematográfico estadounidense, y lo corroboro después de ver There will be blood (estos Pozos de ambición de los traductores españoles). Para muchos, y aquí me incluyo, queda muy lejos de la obra maestra que supuso Magnolia, de la inconcebible Punch Drunk Love y de la setentera e hipnótica Boogie Nights.

Se presenta como una película larga, de pausas, de actorazos, de música angustiosa, de petroleo y como no, de poder. Un argumento basado en la novela de Upton Sinclair "Oil!", ambientada en la California de finales del XIX en pleno auge del petróleo. Nominada a ocho estatuillas de la Academia, solo se puedo llegar dos: a la mejor fotografía y al mejor actor con el magnífico Daniel Day-Lewis como ya nos tiene acostumbrados. Aunque destaca la actuación del joven Paul Dano, que con tan solo 23 ha conseguido bordar una actuación realmente escalofriante.


En la dirección Paul Thomas Anderson se luce como él solo sabe. Con abundancia del plano secuencia juega con ángulos y diagonales, dirigiendo la atención del espectador e hilando significados ocultos a aquellos puramente visibles. Sin duda, destacan las dos elipses temporales a través de los rostros de los personajes. Aunque la trama se intuye a medida que se presentan los personajes, el film cobra coherencia a cada nuevo diálogo o situación y se forma, de esa misma manera, una película sólida y bien delimitada, fina y elegante a partes iguales. La música, por otra parte, consigue transmitir esa sensación de angustia que destila el film en algunos tramos significativos. Realmente vale la pena ir al cine para ver este peliculón en gran pantalla.

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