sábado, 12 de julio de 2014

El arte de desayunar

Del desayuno está casi todo escrito: es la comida más importante del día, debe tener una duración de 20 y 30 minutos para que el cuerpo la reconozca como tal, te da energías para el resto del día, etc.
A mi, personalmente, la oda al desayuno me ha sido transmitida por Sara (aka fotogramaclave) amiga y compañera de piso. Su ritual es sencillo y metódico: zumo de naranja (si hay naranjas las exprime ella misma), una tostada con pavo y queso fresco y una segunda tostada dulce (si hay nocilla, mejor). Esta es la base sobre la que se puede improvisar con magdalenas, pasteles, tortas, y evidentemente, mermeladas.

Para mi el desayuno ideal es casi un actitud. Un salir de la cama a las mil (sea la hora que sea) y empezar con un zumo natural, de esos que te bebes como si fuera oro para que las vitaminas no se pierdan. Mientras la cafetera sube preparas unas tostadas saladas a poder ser con queso del fuerte. Y con el primero sorbo de café ya tienes listas las segundas tostadas dulces, idealmente con queso de untar y mermelada rara. Una vez el estómago está listo coges el diario de la cocina, preparas té para dos y continuas la lectura en la terraza o en su versión más triste en el sofá.
Si cuando te acabas el té te han traído churros o cruasanes pequeños recién hechos puedes empezar de nuevo con el desayuno.

Pero como no siempre se puede desayunar en casa, aquí he escrito por lugares para desayunar en Barcelona








1 comentario:

ARTICORE dijo...

A mi me está costando muchísimo adquirir el hábito de desayunar bien. A veces si que me levanto pronto y con ganas de zumo, tostadas, etc, pero la mayor parte del tiempo mi desayuno se reduce a café y ¡no puede ser!